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Ruta

«Me proyecto para regresar al ciclismo como formador, quiero comenzar con una escuela»: Julián Arredondo

El 29 de mayo de 2014, Julián David Arredondo tocó el techo del ciclismo con una victoria inolvidable en la etapa 18 del Giro de Italia. Fue su consagración en las grandes vueltas en medio de un evento histórico dominado íntegramente por el ciclismo colombiano. Mientras Nairo Quintana y Rigoberto Urán festejaban el 1-2 en el podio, Arredondo sonreía plácidamente enfundado en la camiseta azul de los premios de montaña que tanto luchó, incluso, en días crueles como el ascenso al Stelvio, donde casi cede ante el frío y estuvo a punto de perder la clasificación por la que tanto había peleado.

«La etapa se iba a suspender, al final se dijo que se iba a hacer ascenso controlado y que todos irían calmados y fue todo lo contrario: empezaron a andar duro, entró Pantano primero y luego empezamos a bajar, vi que no era capaz de pedalear y tenía los ojos hinchados. Me decían que pedaleara y al final, cuando faltaban como dos kilómetros y estaba el carro escoba, el equipo me ayudó, me metieron al carro, me cambiaron de ropa y prendieron la calefacción. Luego volví a la grupeta y me salvé», recuerda el antioqueño nacido en Ciudad Bolívar, suroeste antioqueño.

Julián había llegado al World Tour gracias a una temporada fantástica en el Nippo Vini Fantini, donde alcanzó victorias importantes que lo encumbraron como el mejor ciclista de la temporada en el ranking UCI Asia. Trek, un equipo de ensueño, le abrió las puertas del primer mundo junto a figuras históricas como Fabián Cancellara y los hermanos Schlek.  «El Tour de Langkawi me abrió las puertas al World Tour, esa carrera fue especial para mí por eso. Al principio muchos me decían que correr por allá era muy fácil, pero un día les dije que vinieras a ver si lo era, y cuando vieron que no era así, le dieron mérito a lo que venía haciendo», recordó durante su charla en el Instagram Live realizado a través de nuestra cuenta @fedeciclismocolombia.

Su carrera fue brillante, pero como un cometa, dejó destellos inolvidables en muy corto tiempo. Sus victorias en el Tour de San Luis, su puesto 11 en la Flecha Valona y su grandiosa presentación en el Giro de Italia presagiaban el nacimiento de un ciclista de época, a la altura de los grandes referentes del ciclismo colombiano. Sin embargo, de la nada, empezaron a aparecer los dolores. «El Giro marcó todo, de ahí en adelante fue un nuevo comienzo, tenía muchas ganas de ser más profesional porque veía que cada esfuerzo valía la pena, pero por cosas del destino me pasó esto. Ahora ya tengo una nueva vida y del ciclismo solo tengo cosas bonitas».

Un Síndrome del Piramidal era el enemigo ocultó. Lo martirizó a tal punto que ya no sentía capaz de mantener una postura adecuada sobre la bicicleta. Fue una lucha de tres años sin respuesta certera. «En Europa me dijeron que era un problema de bruxismo; en Estados Unidos que biomecánica, pero finalmente fue el Dr. Contreras quien halló el  problema, que le da a un ciclista entre 2000 y me tocó a mí», dice Julián, ya tranquilo y sin el drama que tuvo que afrontar por dejar la alta competencia en su mejor momento.

«Empecé a sentir que la pierna derecha no me funcionaba. Después del Giro fui a la Vuelta a España y tuve que bajarme en la etapa 15. No andaba, me hacía preguntas, pero finalmente descubrieron que tenía síndrome del piramidal que me estaba comprimiendo el nervio ciático. Intenté regresar como cinco veces y vi que no era lo mismo. En la vida se toman decisiones y decidí no seguir», afirmó no sin antes agradecer los esfuerzos de personas como Mauricio Ardila, quien se interesó en reintegrarlo al ciclismo con el Orgullo Paisa.

«Es algo que no se ve pero se siente. Comenzamos a hacer procedimientos, me operaron y esperaba volver al pelotón pero comencé a entrenar, y después de dos o tres horas sentía los síntomas, no sentía el pie derecho, no sentía fuerzas, el médico me dijo que podíamos hacer una tercera cirugía pero no quise. Hasta 2018 intenté volver, sentía que podía pero después de cinco años de insistir y volver a caer, vi que no era algo bueno», afirmó el ciclista bautizado como Perico por el velocista Jairo Cano Salas.

Su recuperación fue lenta. El paso por el quirófano lo dejó con secuelas dolorosas que lo obligaron a postrarse en una cama hasta tener la fuerza suficiente para ponerse de pie. «Fueron dos o tres meses sin poder caminar, tuve infiltraciones, mejoraba pero volvía a recaer en los síntomas. Gracias a Dios puedo trotar, a veces juego micro pero cuando me excedo al otro día me duele mucho la pierna», cuenta desde su casa ubicada en el Alto de la Manza, en la frontera con el Chocó.

«Cuando veo todo lo que pasa con el ciclismo colombiano me viene la nostalgia. Tuve momentos de llanto, fue muy maluco, pero ahora me da alegría que después de la generación de nosotros llegó una nueva que pudo ganar el Tour de Francia. Extraño vivir en Europa, es algo bonito; extraño los amigos y los viajes, eso me gustaba bastante», expresa Arredondo, que volvió a tener contacto con un medio después de tres años, tiempo en el cuál empezó a reestructurar su regreso al ciclismo desde otra perspectiva, sanando las heridas del retiro y las críticas injustas de quienes no creyeron en la gravedad de su problema.

«No tengo rencores, pero no eran cosas mentales sino que había problemas. Me criticaron, me dijeron que me había dedicado a la vida buena, pero había un problema detrás. De pronto regreso en el 2021, quiero comenzar con una escuela de niños entre 15 y 20 años e ir progresando a medida que vayan avanzando. Hay muchos entrenadores, pero no todos tienen la experiencia de haber sido competitivos o llegar al World Tour. A veces tratan mal a los corredores, y a los corredores hay que saberlos orientar. Primero está la persona y luego el ciclista», asegura el pequeño de 1.65 metros, que solo una vez perdió su notable alegría con el mítico Cancellara.

«Fue en una Tirreno – Adriático, estaba nevando mucho y él se enojó conmigo por poner un ritmo alto. Me trató mal, me dijo las cosas de mala manera y cuando llegamos al bus le iba  a meter la mano, pero lo vi tan grande que dije: ‘mejor no, a ese man tan grande quien le pega'», concluyó entre risas.

La entrevista completa en el perfil de @fedeciclismocolombia

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