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Ciclismo Femenino

«Tardé en encontrar el ciclismo profesional, pero fue en espectacular, fue como encontrarle sentido a la vida»: Natalia Pardo

A través de Instagram Live, realizado por la cuenta oficial @fedeciclismocolombia, Natalia Pardo, una de las grandes revelaciones del ciclismo femenino, contó sus experiencias siendo parte del ciclismo profesional y su paso por el ciclismo recreativo; su proceso y su confirmación como uno de los talentos de referencia en las principales competencias del país.

Pardo, vallecaucana de origen y nueva integrante de la escuadra Colombia Tierra de Atletas, se reinventó como deportista demostrando que con dedicación, constancia y mucha disciplina se puede cruzar con éxito la frontera entre el ciclismo recreativo y la práctica profesional.

«Mi primera carrera competitiva fue nada más y nada menos que la Vuelta a Colombia Femenina. Siempre fui deportista, pero todos saben que era recreativa, pero Jhon Fredy García me dijo que no era imposible ser profesional. Me dijo: ‘si quieres inténtalo’. Y dije: ‘estoy muy vieja’. En ese momento me estaba preparando para mis primeros 180 kilómetros pero como recreativa. Yo salía con un grupo, íbamos para Santander y el dueño de Gripofen me dijo que fuera a la Vuelta. Acepté, pero pensaba que nada qué ver. Luego me dije: ‘bueno, Nati, vamos a hacer la Vuelta a Colombia, vamos a inscribirnos. No era fácil, pero un día Jhon se puso serio y me dijo: ‘¡lo va a intentar o no! Después de eso pensé que lo peor que podía pasar era quedarme o retirarme. Pero fue todo lo contrario… sentir lo que sentí, fue como encontrarle sentido a la vida, tardé en encontrarlo pero fue en espectacular. Ahí decidí  ser ciclista profesional», recordó la vallecaucana, que para entonces tenía 23 años y ningún conocimiento técnico de la alta competencia ciclística.

Pero Natalia encontró en Diana Peñuela la inspiración para creer que nunca es tarde, y que el deseo es más importante que la edad o un proceso de base elaborado. «Antes de ser ciclista tuve una conversación con Diana. En la casa de una amiga nos reunimos en un asado y ella estaba. Jhon le dijo a Diana que me contara que había que comer mierda, que el ciclismo profesional no es fácil y eso es lo que ella quiere. Diana, por supuesto me contó su historia que es de admirar. Empecé tarde y mira donde estoy», contó Pardo, que desde aquel embrujo lleno de adrenalina, rigor, jadeo y el sufrimiento que conlleva el ritmo de una carrera cuando hay estrategias y cosas en juego, no ha parado de avanzar.

Distinto a sus costumbres de otros tiempos, cuando el ciclismo era algo para forzar ejercitándose, pero sin la obligación de estar en un podio por intereses propios y los de una marca que te respalda; sin el estrés de cuidar las tentaciones gastronómicas, resignar parte de la vida social y pensar en el día a día para ganar o defender un posición dentro del lote.

«Una cosa es verlo y otra es estar ahí. Yo no sabía hacer trascarro, no sabía ir por caramoñolas, no me sabía parar en pedales ¡hice la Vuelta sentada! Era como… ¡qué hago! No sabía comer y montar al tiempo, ni despinchar, nada de eso. Solo miraba cómo lo hacían las demás, porque las admiraba mucho y sentir que estaba ahí con ellas era increíble. Lo más importante de todo es que nunca me dio miedo, no sentí la sensación de irme a caer. Una vez estuve ahí no sentí miedo, me pareció como un juego, algo emocionante. Me formé ahí, en medio de las profesionales y la admiración por ellas. Admiraba mucho a Mónica Calderón, me parece una excelente deportista, veía al equipo de Claro en ese momento y decía: ‘cómo hacen para soltarse de manos así’. Pero miraba todo, aprendí el ciclismo ahí adentro», relata con emoción la ciclista que hoy, a sus 27 años y con una evolución constante, cambió sus hábitos para crecer aún más.

Dejó su Cali natal para vivir en la altura de Rionegro y sentirse más libre y satisfecha en los entrenamientos, para perder el miedo al ahogo en las cuestas más representativas del país. «Una vez en la Clásica de Anapoima me ahogué horrible subiendo al Charquito. No me sentía mal, pero la altura me pasó factura. Fue una sensación terrible. Me siento como una viejita en la altura», contó sonriente la mujer que con clase y dedicación rompió el paradigma entre la recreación y el nivel competitivo.

«Yo me preparaba para la recreación que es otro mundo. Ahora son carreras por etapas, donde cada día uno se levanta pensando como será, sí voy a poder. El recreativo también es duro, el nivel a veces es exagerado porque mezclan mujeres y hombres y se vuelve como retador para aguantar, yo aún me sigo metiendo a esas carreras. Así sea un día es duro, pero ya voy es a prepararme, para tomármelo con calma, es muy diferente. Ahí uno no tiene esa responsabilidad, la adrenalina o la presión. La gente me dice que en recreativo se gana más plata, pero es que no se siente igual, nada se compara al cruzar la meta en una carrera recreativa que siendo profesional», dice Natalia, la escaladora que ya ostenta en su palmarés el título de la Vuelta al Valle, y un meritorio Top-5 en la pasada edición de la Vuelta a Colombia Femenina, donde perdió su posición en el podio el último día.

«Esa etapa fue muy dura, pero esa carrera fue espectacular. Siempre quiero ser mejor y me propuse mejorar mi puesto y estar más tranquila subiendo. No he tenido la oportunidad de viajar a competir al exterior, y esta es la carrera más importante a nivel nacional. Lo malo fue que faltando ocho días me dio una gripa fuerte y dije: ‘¡no puede ser, ahora qué voy a hacer!’ Y te empieza a jugar la mente en contra, cada día me sentía peor, empecé la carrera enferma, no tenía casi voz, pero con el paso de los días me iba sintiendo mejor. Los dos primeros fueron duros pero tenía que hacerle hasta que el cuerpo se apague. El último día la voz estaba bien y estaba motivada, estaba disputando un tercer puesto, para mí ya había ganado. Ese día empezó a llover y no soy la mejor en esta situación de carrera, mi cuerpo estaba con las defensas bajas, sufrí mucho, pusieron un paso endemoniado, fue difícil y cuando vi ya había perdido el lote principal. La luché hasta llegar, nunca perdí la fe de alcanzarlas. Fue triste por haber perdido el podio, pero salí feliz porque había mejorado, se siente orgulloso», expresó la talentosa ciclista que dejó la socología para dedicarse al ciclismo.

«Estudié y trabajé en Indervalle, pero cuando quise ser ciclista profesional dejé la sicología. Me gusta mucho, la ejerzo conmigo, yo leo mucho, si tu parte mental no está fuerte no va a pasar nada. Trabajo mucho la parte mental, esa es la clave de cualquier deportista, si alguien se siente mal o está flaqueando, esa parte es fundamental pero uno la ve mucho en la práctica y lo vives en el deporte al 100%», afirmó.

«Creo que cada persona elige qué quiere ser en la vida, a veces se tarda un poco más, y no lo sabes hasta que lo vives, toqué el ciclismo y dije: ‘es lo que quiero’. No me importó nada, mi familia me dijo que cómo así, que del deporte no se vive. Fue como enfrentarse a eso y decir es lo que quiero, es lo que yo elijo. Muchas personas encuentran algo que les gusta pero la familia no lo ve tan bien, se asustan y lo dejan. Pero si uno lo encuentra hay que hacerle con toda, sin miedo», aseguró la ciclista que ahora entrena bajo las órdenes de Carlos Restrepo, exentrenador del Team Manzana Postobon.

Sus días en cuarentena los pasa con juiciosos entrenamientos en casa y disfrutando en buena parte el ciclismo virtual. «Ha sido difícil, uno acostumbrado a salir 3 o 4 horas diarias, es como un reto, el entreno cambia mucho, tienes que hacer simulador, yo no tenía ningún implemento para gimnasio. Es acostumbrarme a una nueva manera de pedalear y trabajar la mente en estos momentos. Bajé Zwift, yo odiaba el simulador, una hora se me hacía eterna, pero ahora ‘Rigo’ hace eventos y el equipo del Mitchelton Scott, entre sábados y domingos. Mantengo la mente como si estuviera en una carrera, es chévere, me ha gustado mucho esa forma de entrenar el cuerpo y la mente».

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